Hola! Siento no haber escrito en tanto tiempo... Tuve semanas con bastantes exámenes y estaba sin inspiración :-( . Tengo la agenda apretada ;P, así que hoy sigo con el quinto capítulo. Muchísimas gracias por las visitas, porque con solo con cuatro capítulos y un prólogo llegué a superar las 250 !!!! :D. También aprovecho para recordar que me encantan vuestros comentarios! Los mayores de mi hermosa edad también tiene derecho a comentar, eh! (tomen nota, familiares y profesores, que ya os tengo fichados). Y sin más dilación, ¡que comience el quinto capítulo! Y que la suerte esté siempre siempre de vuestra parte :P. Ale, al chollo:
Dejé de pensar aquello, cuando alguien golpeó con fuerza la puerta.
-Revisión, hagan paso-gritó una voz masculina desde el otro lado.
Sin esperar nuestra respuesta, el hombre, de alrededor de treinta años, entró en nuestro habitáculo. Le echamos el mal de ojo y, sintiéndose observado, nos dijo:
-Por favor, formen una fila para dirigirse al laboratorio. Lo siento. A su estado, me refiero, bueno... supongo que da igual.
Nos quedamos heladas, mas de lo natural. ir al laboratorio nunca era bueno. Allí se experimentaba con nuestros cuerpos, para encontrar medicinas o trastornos anormales. Somos conejillos de indias.
Formamos una fila, y ataron nuestras manos a una extensa cadena, que hacía sangrar nuestras escuálidas muñecas bajo su peso. Comenzamos a caminar, y fue cuando me pregunté por qué no nos habían matado todavía. Quizá no íbamos al laboratorio, sino a la sala de ejecución, o algo así, si es que existía. Me planteé la idea de que, quizá, no pretendían nuestra muerte, sino usarnos a su gusto para sus necesidades. Puede que la trama de todo aquéllo fuera que la guerra se realizó para ganar dinero en armamento y conseguir mayor población, y de paso, nos conseguían a nosotras para las rarezas que se les pasasen por la cabeza. Sin embargó, aquel chico me recordó que posiblemente no todos estaban allí por gusto, como había denotado su Lo siento. A lo mejor simplemente querían inspeccionarnos, o cesar nuestras enfermedades para continuar sus investigaciones en nuestros cuerpos. A lo peor, querían torturarnos. Por el camino, algunas chicas se caían de cansancio,o quedaban inconscientes. A éstas, las debíamos llevar a rastras, mientras contemplábamos como el suelo desgastaba su espalda y sus muslos. El espectáculo acabó al llegar al laboratorio/muerte próxima. Me estaba quedando sin fuerzas, y sentía verdadero miedo de pensar todo o que me podrían hacer, o le podrían hacer a mis compañeras, incluso a la pequeña Ana, que no había llorado en todo el camino. En algunas camillas, a los lados de la sala, presenciaba el horror en su estado más puro: médicos y científicos amputando miembros, inyectando extraños líquidos coloridos... Y todas ellas, las maltratadas, gritando. Helaba los tímpanos oírlas, provocaban escalofríos, daban miedo. Nos situaron a cada una en una camilla, atendida por un médico.
-Hola-saludó el mío- he oído que en tu sala hay bastantes casos de diarrea, ¿estás bien?
-No, no estoy bien, pero si te refieres a la diarrea, yo no tengo-dije con un hilo de voz.
Estaba empezando a llorar.¿Y si ese tipo era un sádico y empezaba tratándome bien para que, al llegar el momento oportuno, pudiese matarme sólo enseñándome un arma letal?
-Bueno, me alegro-me dijo intentando sonreír-pero curaré tus heridas y zonas dañadas para que estés en buen estado.
Me miró con media sonrisa y se dispuso a curar todos los rasguño que había en mi cuerpo, y me limpió un poco. Me dio un antibiótico y me regaló una barrita energética de chocolate. Fue entonces cuando me di cuenta de que parecía ser buena persona, y que tenía los ojos muy raros: no distinguía su color, ¿eran verdes, azules, grises, color miel..? Era moreno, con poca barba. Parecía que se mordía las uñas, disimuladas por sus guantes blancos. No llegaba a los treinta, pero sí a los veinte y pocos.
-Gracias-logré decir
-Oye, ¿te gustaría marcharte de aquí?- me susurró, para que nadie le oyese.
-¿Te parece complicada la respuesta a esa pregunta?- e intenté sonreír. Aunque sólo se veían mis caries, me respondió con el mismo gesto. Hoy era mi récord de sonrisas desde que había llegado a este lugar.
-Te puedo sacar de aquí.
-Yo puedo volar-contraataqué. No me hacía gracia aquélla broma
-Bueno como quieras-respondió-tu verás-y puso cara desafiante, arqueando su ceja izquierda y entrecerrando el ojo derecho.
-Que sepas que no me voy de aquí sin que se marche también una niña que se llame Ana. Le prometí que la sacaría de aquí.
-Entonces, ¿soy vuestra oportunidad?
-Entonces, eres nuestra salvación.
Wow. Lo amooo bebé
ResponderEliminar