Leed,leed! (Y comentad) ;)

viernes, 14 de febrero de 2014

Capítulo 2.

Me levanté para dejar de hablar con Andrea. Siempre hablábamos de lo mismo, de simples ilusiones. Así que comencé a dar vueltas en el pequeño habitáculo. Seguramente dentro de poco tocaría revisión y limpieza general. Me arrodillé al lado de Alicia. Ella no tenía fuerzas ni intenciones de marcharse, así que se dedicaba a cortarse las venas con su uña del dedo índice y a marcar los días que llevábamos aquí.
-Ali, deja tranquila la vena, ¿Te parece?
-No. Total no tengo nada mas que hacer.  Por cierto, Laura, por si te interesa, hoy es domingo. Y ya sabes lo que eso significa.
-Joder, revisión y limpeza. Tiene gracia que antes nos quejásemos de que al día siguiente fuese lunes y hubiese que ir al colegio.
-Sí, mucha gracia.
Vi que la conversación no pintaba bien, y me acurruqué en una esquina para dormir.
Allí estaba mi hermano. No me podía mover. Se lo llevaban. Yo me iba con otros policías por el otro lado. Estaba quieta. No me inmutaba. Lloraba por dentro. Dos tiros a mis espaldas. Dos cuerpos caídos. La última vez que veía a mis padres. Y yo sólo seguía caminando.
AAAAAAAAAAAAGH!!!!! Respiraba dificultosamente y sudaba. Otra pesadilla. Sólo una pesadilla. Pero que ocurrió de verdad. Nadie se preocupó demasiado, porque allí gritaba todo el mundo. Andrea me preguntó que tal estaba, pero nadie mas.
Dos hombres abren la puerta. Entran gritando. Nos hacen formar una fila y nos dirigen al patio exterior. ¡Ya se me había olvidado! Hoy tocaba limpieza. La fila va avanzando. Las chicas se ponen enfrente de una pared y se desnudan. Manguerazo. Siguiente. Ropa fuera. Manguerazo. Siguiente. Ropa fuera... Y así todo el rato. Me toca. Recuerdo la última vez y me trago las lágrimas.
-¡SIGUIENTE!- grita el guarda
Me pongo enfrente de la pared. Desabrocho los botones de mi asquerosa camisa. Camisa fuera. Me quito el pantalón. Ya está, solo tengo que esperar al horror. El guarda me mira con cara de malas intenciones, y yo miro hacia otro lado. Cierro los ojos. El guarda me apunta con la manguera. Agua fría, congelada. Me golpea. Parece que la manguera fuera de alta presión. Me echo hacia atrás y no puedo evitar llorar. Mientras me congelo y me hago daño, el guarda se ríe.
-Ya se puede vestir-acaba él.
Por fin. Recojo mi ropa y me visto. Espero a que las demás acaben. Todas lloramos. Volvemos dentro. Ya han limpiado la celda. La mas pequeña de nosotras sigue gritando y llorando. Me acerco a ella. Solo tiene ocho años.
-No te preocupes cariño, ya verás como conseguimos marcharnos, ¿vale?
Me abraza y nos quedamos así un rato largo. Pocas veces la gente de aquí se abraza, pero los abrazos de esta niña son mágicos, están llenos de ternura. Me recuerda a mi hermano Manu. Todos los días pienso en él, y que cuando se lo llevaron no hice nada para impedirlo. Una lágrima me recorre la mejilla y acaba en mi boca. Salado... que rico. Últimamente es lo único que saboreo si no contamos el pan diario que nos dan. Echo de menos los besos dulces de mi madre y los besos de café de mi padre. Pero eso ya es imposible de recuperar. Otras dos personas por las que tampoco hice nada
Ali se está volviendo loca, sus marcas han desaparecido. Una chica vomita por el frío, el dolor y mil horrores mas. Aprieto a la pequeña contra mi pecho. No debería ver esto.
-¿¿De verdad crees que vamos a volver a casita??-logra responder
-Sí cariño, ya verás como sí. Tú no te preocupes, que un día te sacaré de aquí.
-¿Me lo prometes?
-Te lo juro.
Espero poder cumplir esa promesa.
-Otra cosa mas: me llamo Ana. Si quieres ya no me tienes que llamar cariño, ¿vale?
-Vale, Ana.
Todas sabemos que se llama Ana. La intentamos cuidar relativamente como podemos. Es la favorita de todas. Y la mas alegre, y feliz, y también ilusionada por creer poder tener la certeza de marcharse. Por culpa de todo esto se hace mayor muy rápido. Demasiado rápido.

domingo, 9 de febrero de 2014

Capítulo 1

Me desperté entre golpes e insultos, como de costumbre. Intentando que los guardas no me hicieran sangrar demasiado, pasé a la zona de revisión. Comprobaron que no llevaba nada peligroso encima y me devolvieron a mi celda, si es que a eso se le puede llamar celda, porque allí estábamos veinte chicas apelotonadas. Las paredes estaban mugrientas, llenas de mierda en el sentido mas literal. No, no había baños. No tenía ni siquiera ventana. Me mareba con bastante frecuencia por el olor que allí se respiraba.
Hacía ya bastante que no veía luz natural, ni gente normal. Ya nadie es normal: todas estamos enfermas, como si nos fueran a dar pastillas los capullos éstos. De hecho, once de mis compañeras tienen una diarrea bastante interesante.
Estamos en mala forma, y  nos dan como mucho un puñado de arroz al día.
Me siento al lado de Andrea, una de las afectadas por la enfermedad y tambiën compañera de celda. Me pongo a hablar con ella:
-Tía, no puedo mas. Me muero. Esto es una mierda
-No me digas, menuda noticia. Te recuerdo que todas estamos así.
-Ojalá nos pudiésemos marchar.
-No tenemos a donde ir.
-Eso es lo de menos.
Así visto, era cierto. Ya no podíamos estar peor. Por suerte, éramos unas de las pocas afortunadas en... tener ropa. Figuraos el resto por vosotros mismos.
-Andrea...
-Laura...
Nos reímos. Una risa falsa, corta, distante. Al menos, era mejor que llorar.
Pero pensándolo bien, quizás no fuera tan mala idea intentar escaparse... Pero era muy arriesgado.

domingo, 2 de febrero de 2014

Prólogo

No tenía ganas de nada. Nadie las tenía.
Tras aquélla espantosa guerra, mi país murió. Nadie se sentía vivo. Quedábamos algunos supervivientes, que teníamos los días contados. Fuimos separados los hombres de las mujeres. Al igual que pensaban los nazis, somos una raza impura. Pero no por nuestra religión. La gente dice que es por muchas razones, pero yo creo que es porque sí. Porque se aburrían, porque querían gobernar, porque somos humanos. Debemos desaparecer, esfumarnos, pasar a la historia. Y así es como yo me separé de toda mi familia. Sólo tengo la ilusión de que mi pequeño hermano siga vivo. él, al igual que yo, se tuvo que ir a un nuevo modelo de campo de concentración en los que, si tienes suerte, a lo mejor sólo te usan para experimentos.
Continúo contando los días para mi huída, o quizás mi muerte, mientras escucho los gritos de las salas de tortura, de experimentación. Todos los días veo a chicas que se intentan escapar porque aman a la vida, chicas que acaban con con un tiro en el pecho y con el llanto ahogado de la poca gente que las conocía. Pero yo, pienso marcharme y, si no es esperando, será corriendo. Acabe como acabe esto, quiero ver por lo menos una vez más a mi hermano. Y mientras me arrastran, me escaparé de aquí. Porque soy una persona. Y quiero vivir.