Me desperté entre golpes e insultos, como de costumbre. Intentando que los guardas no me hicieran sangrar demasiado, pasé a la zona de revisión. Comprobaron que no llevaba nada peligroso encima y me devolvieron a mi celda, si es que a eso se le puede llamar celda, porque allí estábamos veinte chicas apelotonadas. Las paredes estaban mugrientas, llenas de mierda en el sentido mas literal. No, no había baños. No tenía ni siquiera ventana. Me mareba con bastante frecuencia por el olor que allí se respiraba.
Hacía ya bastante que no veía luz natural, ni gente normal. Ya nadie es normal: todas estamos enfermas, como si nos fueran a dar pastillas los capullos éstos. De hecho, once de mis compañeras tienen una diarrea bastante interesante.
Estamos en mala forma, y nos dan como mucho un puñado de arroz al día.
Me siento al lado de Andrea, una de las afectadas por la enfermedad y tambiën compañera de celda. Me pongo a hablar con ella:
-Tía, no puedo mas. Me muero. Esto es una mierda
-No me digas, menuda noticia. Te recuerdo que todas estamos así.
-Ojalá nos pudiésemos marchar.
-No tenemos a donde ir.
-Eso es lo de menos.
Así visto, era cierto. Ya no podíamos estar peor. Por suerte, éramos unas de las pocas afortunadas en... tener ropa. Figuraos el resto por vosotros mismos.
-Andrea...
-Laura...
Nos reímos. Una risa falsa, corta, distante. Al menos, era mejor que llorar.
Pero pensándolo bien, quizás no fuera tan mala idea intentar escaparse... Pero era muy arriesgado.
que guay
ResponderEliminaracerté en lo del viaje eh??
ResponderEliminar