No tenía ganas de nada. Nadie las tenía.
Tras aquélla espantosa guerra, mi país murió. Nadie se sentía vivo. Quedábamos algunos supervivientes, que teníamos los días contados. Fuimos separados los hombres de las mujeres. Al igual que pensaban los nazis, somos una raza impura. Pero no por nuestra religión. La gente dice que es por muchas razones, pero yo creo que es porque sí. Porque se aburrían, porque querían gobernar, porque somos humanos. Debemos desaparecer, esfumarnos, pasar a la historia. Y así es como yo me separé de toda mi familia. Sólo tengo la ilusión de que mi pequeño hermano siga vivo. él, al igual que yo, se tuvo que ir a un nuevo modelo de campo de concentración en los que, si tienes suerte, a lo mejor sólo te usan para experimentos.
Continúo contando los días para mi huída, o quizás mi muerte, mientras escucho los gritos de las salas de tortura, de experimentación. Todos los días veo a chicas que se intentan escapar porque aman a la vida, chicas que acaban con con un tiro en el pecho y con el llanto ahogado de la poca gente que las conocía. Pero yo, pienso marcharme y, si no es esperando, será corriendo. Acabe como acabe esto, quiero ver por lo menos una vez más a mi hermano. Y mientras me arrastran, me escaparé de aquí. Porque soy una persona. Y quiero vivir.
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