Leed,leed! (Y comentad) ;)

sábado, 26 de abril de 2014

Capítulo 6.

Yo vivía en una nube. Sentía que todo aquéllo no pasaba, no era real. Como cuando un profesor te castiga por la tarde a ti y a toda tu clase y sabes que no será capaz, que es un blando, y que no podría ni matar una mosca. Ahora mismo, marcharse de aquel lugar y ser libre sólo son palabras en forma de oración, pero aquella oración tenía un significado importante: poder ver a Manu. Mi hermanito. Bueno, igual ya no era tan -ito como antes. Han pasado cinco años desde que todo ocurrió.
-Eh, espera, no te emociones. Aún no se cómo te llamas-le repliqué
-Me llamo Jacobo-respondió- y tú?
-Laura. Un placer conocerte, Jacobo/salvación
Sonrisas. Era lo único que hicimos durante treinta segundos. Ahora, para los dos, la idea de marcharnos parecía un paraíso. Pero se me escapaba algo.
-Y Ana? Puede venir con nosotros?
-Claro. ¿Quién es?
Busqué con la mirada por toda la sala. Finalmente, me tope con los ojos de Ana, que hablaba con una chica que estaba una camilla a su izquierda. Un médico se acercó a ella a paso veloz. Llevaba una jeringuilla cargada de un líquido extraño. Entonces Ana empezó a gritar, intentando librarse de las inyecciones de aquel salvaje. Yo experimentaba el mismo sufrimiento que Ana, que se iba durmiendo poco a poco.
-¡¡¡¡¡¡NO, PARAD JODER PARAD, QUE HACÉIS!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡ANAAAAAAAAAAA!!!!!!!-grité
-Shhhhhhhh, tranquila, ¡que no la están matando!-Jacobo empezó a reírse- es una anestesia para que pueda descansar. Nada más. Bueno, ahora ya sabemos quien es Ana.
Jacobo cogió mi mano y empezó a acariciarla. Poco a poco me tranquilizaba. No podía decirse que fuera un contacto especial, porque no se había quitado los guantes.
-Ya verás lo contenta que se pone cuando se despierte y se lo cuentes.
Cuando conseguí recuperar el aliento, una duda existencial pasó por mi cabeza: ¿cómo nos íbamos a escapar? No conocía a nadie que lo hubiera conseguido. La mayoría de las que lo intentaban recibían una paliza, un tiro o latigazos. A gusto del consumidor. Decidí preguntárselo a Jacobo, que para algo había tenido la brillante idea:
-¿Y cómo nos vamos a escapar?
-¿Te recuerdo que tengo acceso a muchos datos personales?-interrogó
-No, no hace falta que me lo recuerdes, porque no lo sabía.
-Pues nada, pero os borraré a Ana y a ti de las listas de encarceladas, y me borraré a mí de las listas de trabajadores.
-Déjame adivinar: no tienes ni idea de como conseguir encender el ordenador sin que te vean.
-Y adivinar la contraseña-añadió
-Ah muy bien. Vamos servidos-repliqué
-Bueno, seguramente un compañero nos ayude; todos nos queremos ir de aquí. No nos gusta este lugar. Además, a la hora de marcharnos, los que trabajamos aquí tenemos algunos ratos libres, y conozco las salidas de emergencia y salidas sin protección.
El plan parecía maravilloso. Contar con la ayuda del Jacobo éste era marivolloso. Ana y yo  nos escaparíamos sin problemas, y yo podría volver a ver a mi hermano. ¡Es cierto! Eso tampoco se lo había dicho.
-Quiero salvar a mi hermano. Está en otro campo de concentración.-eixigí
-Vale, eso también lo podemos conseguir.
De repente su cara se tornó a un color más claro. Aunque me hubiera prometido que salvaríamos a Manu, su mirada me pedía por favor que no lo hiciéramos, que nos olvidásemos de esa posibilidad. Decidí no preguntarle el por qué de su facción, pues no estaba dispuesta a fastidiar aquéllas ideas maravillosas.
Mientras Jacobo preparaba una jeringuilla para inyectarme un sedante y que descansase un poco, me fijé nuevamente en su físico: era un poquito mas alto que yo, y descubrí que sus ojos cambiaban de color a medida que el iris se acercaba a la pupila. El susodicho se acercó a mí, y como adivinando lo que pensaba, me dijo:
-¿Crees que me quedaría mejor la barba afeitada?
-Sí, mucho mejor
Y mis ojos se cerraron a la vez que se abría la ilusión que tenía de ver a Manu.