De nuevo no hay nada que hacer. Alicia a lo suyo, su amada muñeca. Andrea está que no puede mas con la diarrea. Ana se duerme con una sonrisita en la cara. Todo el mundo hace lo que hace siempre.
Y todo por culpa de que el mundo estaba muy quieto.
Hace mas o menos cinco años, cuando se había conseguido que el mundo estuviese en paz.
Las ganas de pelea eran muy grandes en los países especialmente desarrollados. Mientras comíamos, mi padre encendía la televisión. La presentadora anunciaba la conexión en directo con Lubrí, una de las grandes potencias.
En este último año, se estima que la venta de armas ha bajado al menos un 40% debido al cese de las guerras. Lubrí es uno de los principales países que hoy nota como se derrumba su economía.
Nadie le hace mayor caso. Le doy vueltas a mi plato de lentejas. Que asco. Con lo avanzado que está el mundo, parece mentira que con lo avanzado que está el mundo se sigan comiendo lentejas en mi casa.
-¡Manu, ven a comer!- grita mi madre
Mi hermano viene corriendo. Hoy celebramos su cumpleaños: siete años. Él cree que ya es muy mayor.
El pequeño tuerce el gesto. No le parece justo comer lentejas el día de su cumpleaños.
La comida transcurre con normalidad, pero alegría. Manu sopla las velas de su tarta y abre sus regalos.
Al día siguiente, vuelven a poner la misma noticia, bueno, parecida. Mi madre limpia azarosamente los platos, y mi padre ya está leyendo el periódico. La tele avisa una noticia de última hora. No le doy importancia y me voy a mi habitación a hacer los deberes. Tener doce años es muy cansado, no como tener siete. En el salón, mis padres atienden sorprendidos a la noticia:
Lubrí ha mandado un comunicado al presidente de Fenisco. En el manuscrito explicaba, hace ya dos semanas, que le proclama la guerra a su país. O Fenisco pasa a ser territorio lubrinense, o las patrullas atacarán a partir de las siguientes semanas. Algunas fuentes afirman, así como lo ha hecho el presidente lubrinense, que en este pacto la gran potencia mundial ganaría de ambos modos, puesto que o se volvería a comerciar con armas, o conseguiría todo el dinero de Fenisco. El presidente del pequeño país afirma preferir la guerra, aún sabiendo que perderán.
Mi país, Fenisco estaba en guerra. Mi padre va directamente al ordenador: vuelos al extranjero, vuelos al extranjero... vuelos baratos, vuelos de primera clase... pero nada. Todos cancelados por la guerra o completos. Incluso se han cerrado las fronteras con otros países.
Manu no le da importancia a la advertencia televisiva, y sigue probando sus juguetes de cumpleaños.
Yo me quedé de piedra. Lo había escuchado todo desde mi habitación.La división. Qué mal me estaba saliendo. Sí, sí, la división. Eso, la división me producía alucinaciones. Cinco por una cinco, al nueve cuatro y... Me levanté corriendo a por mi madre. La división alucinógena... Ya le valía. Que susto me había dado.
-Mamá, ¿las divisiones pueden tener alucinógenos, a que sí?- pregunté a mi madre.
Mi madre y yo nos fundimos en un abrazo. Salado. Puaj, que asco. A mí me gusta mas lo dulce.
Manu nos mira. No entiende nada, así que dice lo que le oye siempre a mi padre:
-Mujeres... No se las puede entender- y se ríe. A lo mejor su hermana tiene novio y todo y por eso llora.
Días después...
Todos estamos tensos. Nadie llora. Nadie habla. golpes repetidos en la puerta:
-POLICÍA LUBRINENSE. ABRAN O TIRAREMOS LA PUERTA ABAJO.
Y tiraron la puerta abajo. Mi madre se encogió, y llevándose una mano a la cara, comenzó a llorar. Yo seguía estática. Aquella división...
Cuatro policías entraron en mi casa. Dos de ellos agarraron a mis padres por el pelo, o el cuello, y les pegaron un tiro en la cabeza. Otros dos empezaron a tirar de Manu y de mí. El niño no entendía nada, pero se fue sin rechistar. A medio camino, empecé a patalear y a llorar. Intentaba morderlos, pero era una tontería intentar resistirse. Me subieron a un camioneta con otras chicas y, mientras lloraba, Manu me saludaba desde la otra camioneta.
Me tienes que torturar tantooo?? Bo hacia falta que fuese intrigantee!!
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